2018: Yo sobreviví a un año de mierda

El pasado verano, inmerso en una vorágine de cosas, una muy buena amiga me dijo mientras cenaba en su casa: cuando acabe el año, me imprimiré una camiseta que diga “Yo sobreviví a un año de mierda”. Podría ser una buena síntesis de lo que ha supuesto el 2018 para mi.

O igual es injusto calificarlo como año de mierda. Pero ha sido el año en que la vida ha empezado a enseñarme su verdadero lado oscuro. Y es que no es hasta entonces cuando te das cuenta que todo lo que te has amargado en el pasado ha sido por puras pamplinas. Este año ha sido un año donde se ha perdido la salud en el seno de mis seres queridos, donde la ansiedad y los problemas emocionales han sido la tónica diaria y donde me he dado cuenta que todo lo que yo me imaginaba hace diez años que yo sería en el futuro era una simple utopía irrealizable. La realidad me ha golpeado fuerte, y encima tengo que estar agradecido, porque todo es susceptible de ser bastante peor.

Es difícil sonreír cuando acabas un año así, desorientado, sin un proyecto de vida y sin saber hacia donde vas ni para que sirves. Pero a cambio de sufrir, el año que en pocas horas se acaba me ha dejado algunos regalos, como conocer a gente muy especial, reconectarme con mis raíces y con una parte de mi que había enterrado y casi olvidado. Me he dado cuenta que en mis orígenes hubo muchas cosas bonitas y que de todo eso algo queda.

Me cuesta encarar el nuevo año con optimismo, le tengo miedo. No sé que ocurrirá, pero sea lo que sea, espero tener herramientas para gestionarlo.

A pesar de todo, os deseo, a los que leáis esto, una muy buena entrada en el 2019 y que el nuevo año os depare cosas bonitas.

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2017: El año en que aprendí

Hace algunos meses, estaba en una de mis sesiones con mi psicoterapeuta y le dije:

– Cuando tenga que darle un título al 2017, será el año en que no pasó nada

A lo que ella me respondió:

– Menuda forma de agredirte a tí mismo ¿no?

Puede que tuviera razón. El año que he dejado atrás no ha sido un año marcado por historias significativas, pero ha sido un año en que he aprendido muchas cosas.

He aprendido que no siempre se puede complacer y que lo que puedo dar, es bueno por el hecho de darlo.

He aprendido que es mejor que algo a mi alrededor esté mal y yo esté bien a que todo a mi alrededor esté bien y yo esté mal.

He aprendido a lanzarme a la piscina… de palito y con miedo, pero me lanzo.

He aprendido a no dar.

He aprendido que regodearse en la pena esperando a que venga un salvador no sirve de nada.

Y más cosas que como suele ocurrir cuando escribo estos posts, no me acuerdo.

También ha sido el año en que he vuelto a tocar con mi antiguo grupo, el año en que he vuelto a volar en una montaña rusa, el año en que han surgido nuevos propósitos y el año en que definitivamente, he sentido que por fin mi cuerpo y mi mente están casi a la par de mayores.

Aunque este año haya roto la tradición y haya escrito el post después de las uvas: Gracias 2017, que el 2018 venga como tenga que venir, ya lo gestionaré… y aprenderé.

Besos y abrazos.

 

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Los Putos Veranos

Siempre he odiado el verano.

Vivo en una tierra donde en los meses centrales del año se alcanzan unas temperaturas insoportables y en donde absolutamente nada está adaptado a las necesidades que tienen las personas que deben aguantar esta climatología. En verano hace calor, me agobio, sudo mucho y no me apetece hacer nada excepto aquello que me ayude a aliviar el calor.

De niño había alguna cosa buena: el no tener colegio, el tener todo el tiempo del mundo para jugar o hacer el gamba… no estaba mal. Pero quitando eso, mis veranos en su mayoría han tenido siempre “algo” que lo han convertido en una época asquerosa y tediosa en la que lo único que he querido es que el tiempo pasara muy deprisa.

Recuerdo mis veranos de principios de los noventa, quizá fue el de 1991 o 1992 cuando yo era un niño… había una vecina que se llevaba fatal con mi madre y su hija, que nunca salía a la calle, empezó a salir todas las tardes con el único objetivo de vetarme en los juegos de los niños del barrio… y por supuesto los niños del barrio me vetaban encantados… gajes de ser el tonto del barrio. Me pasé todo ese verano viendo desde la ventana de mi casa como los niños jugaban en mi calle sin yo poder jugar.

Luego recuerdo algunos veranos de finales de los noventa en los que algún malentendido con algún amigo o amiga hacía que yo no fuese bienvenido en sus reuniones y por tanto, también me quedaba ese verano todo el día metido en casa de mis padres… hasta entonces lo único que podía hacer, aparte de estar en mi casa, era ir a la playa los domingos… en plan dominguero… me da escalofríos solo de pensarlo.

Y luego llegó la Universidad y mi partida a Sevilla… y llegaron lo que yo llamo “Los veranos de Harry Potter”. Me tiraba todo el año en Sevilla y entre la Universidad y alguna que otra salida socializaba y era feliz, pero para ahorrar costes me tenia que volver a casa de mis padres en verano y aguantar dos terribles meses en esa puta ciudad muerta en la que nací. Me sentía como cuando Harry Potter dejaba Hogwarts para pasar el verano en casa de sus tíos.

Y cuando empecé a trabajar mis días de vacaciones se redujeron drásticamente, así que mi única opción, quitando el viajecito de rigor en vacaciones, es aguantar el calor infernal de Sevilla. El año pasado además me pasé todo el verano con el corazón roto y sangrando…

Así que fijense el cariño que le tengo a esta época que se acerca…

Con todo, hubo algún que otro verano donde los astros se juntaron y que nunca olvidaré… el de 2012 no estuvo mal, el de 2008 tampoco, el de 2001 también moló porque me emborraché mucho… y el de 1999

Ay Dios… si yo volviese a sentirme como me sentí aquel verano del 99…

Quien sabe.

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¿Qué es lo que ven?

En un mundo donde prima el intercambio de fluidos ¿qué ven en quien no tiene fluidos que intercambiar?

En un tiempo en el que nadie es fiel a sus sentimientos ¿qué ven en alguien que intenta serlo?

En un grupo social donde prima el puro placer físico ¿qué ven en quien no es capaz de dar eso?

En un mundo donde no existe el amor ¿qué buscan en alguien que está deseando dar todo aquello que nunca ha tenido oportunidad de dar?

¿Qué buscan? ¿Qué es lo que ven? ¿Qué esperan conseguir? ¿…?

Me siento tan estúpido.

Daniela Simmon – Pas pour moi (Eurovision 1986)

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Frente al Espejo

A veces me miro en el espejo y otras veces me lo ponen por delante sin que me apetezca. Hay una diferencia entre una cosa y otra: cuando me miro, veo aquello que me resulta agradable ver y cuando me lo ponen por delante, a veces es para hacerme ver mis propias miserias.

No voy a negar esas miserias, están ahí y me hacen ser la persona que soy: lo mismo que un reducto de agua estancada. Lo peor de verse las miserias en el espejo, es que a veces uno se siente mas miserable aun y cuando intenta algo para aliviar el dolor, se siente miserable por las acciones que comete. Es una espiral que no acaba nunca.

A veces los espejos hacen daño.

Buenas noches.

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Muera el Amor

Me gusta mucho Instagram. Tengo un perfil en el que pongo muchas fotos de lo que se me pasa por la cabeza, a veces exhibo mi imagen, otras veces exhibo mis pensamientos y a veces exhibo hasta mi alma. Instagram es el escaparate gay por excelencia y también me gusta usarlo para ver a chicos guapos que se exhiben tanto o mas que yo.

En Instagram, como en todas las redes sociales, la vida parece plena y feliz. La de los otros, por supuesto, no la tuya propia, que es tan triste que te la pasas viendo los perfiles de Instagram de las vidas perfectas de otros. Pareciera que en ese escaparate de chicos guapos todos estan super acompañados de amigos perfectos y parejas aun mas perfectas. Todo es asi hasta que llega San Valentin.

Esta mañana me levanté pensando “mi 33º San Valentin de mierda para recordarme que estoy mas solo que la una…” y al coger el bus eché mi primera ojeada del dia al Instagram. Curiosamente, todos esos chicos de vidas perfectas coincidian en una cosa: se sentian muy solos en San Valentin. Fotos sarcasticas, imagenes relativizando el amor en este dia y demas se juntaban para decir lo mismo:”odio este dia porque me recuerda lo solo que estoy”.

Y digo yo, si todos somos tan guapos y perfectos en Instagram… ¿porque estamos todos tan solos? Y si nos vemos las vidas los unos de los otros… ¿por qué seguimos sintiendonos solos sin hacer nada para remediarlo?

Menuda paradoja… buenas noches.

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Música desde el alma rota

Estoy escuchando “Return To Ommadawn” de Mike Oldfield por primera vez. Solo le ha llevado 7 minutos hacerme llorar a lágrima viva.

Para el que no conozca a Mike Oldfield, no me voy a explayar mucho sobre su vida y obra. Como siempre digo, para eso está la Wikipedia. Sólo explicaré que Mike Oldfield es un músico inglés que para el público promedio, se hizo muy famoso por editar un disco llamado “Tubular Bells” que tenía una campana retorcida en la portada y una introducción de piano que se convirtió en la banda sonora de la película “El Exorcista”. Ese disco, y los dos posteriores “Hergest Ridge” y “Ommadawn” fueron maravillosos e innovadores. Si bien el Tubular Bells es el más conocido de todos, los fans de este músico y cualquier melómano que se mire un poco más su obra, coinciden en que su mejor obra, la más magistral, es “Ommadawn”.

Ommadawn es un disco oscuro y muy emocional, fiel reflejo de la turbulencia emocional tan intensa que Mike Oldfield tenía a sus entonces tiernos 21 años, y de la situación tan chunga que estaba pasando. Durante la grabación del mismo Mike Oldfield perdió a su madre, una señora irlandesa con graves problemas psiquiátricos que dejó de estar disponible para sus hijos cuando tras parir a un niño enfermo y darlo en adopción, no pudo superar semejante trance y vivió el resto de su vida dependiendo de los draconianos fármacos psiquiátricos de la época.

Tras eso pasaron muchas cosas en la vida de este músico, pero todo lo que hizo después de Ommadawn ha sido más que cuestionable. Hasta hoy.

Cuarenta años después, la vida se le vuelve a desmoronar a este músico, ahora un honorable señor de 64 años, insultantemente rico y viviendo en una casa de ensueño en las Bahamas. Su tercer matrimonio se va a pique y su hijo mayor de 33 años fallece repentinamente de muerte súbita mientras trabajaba montando un documental (se dedicaba a la producción auidiovisual).

Mike tiene el alma rota, le sobra todo, las Bahamas, el dinero y la casa de ensueño. Y se pone a componer música. Y así vuelve al estilo de su mejor obra, que hoy se ha publicado.

Solo hay que escuchar fijamente para darse cuenta de que en esas guitarras y esas melodías hay mucho dolor. Hay muchas emociones volcadas y también hay esperanza de que todo se calmará y que igual que hay dolor, hay alegría. Me diijeron no hace mucho en una de las sesiones de psicoterapia que cuando creas algo artístico y lo enseñas a los demás, tu obra deja de ser un poco tuya y cada receptor de la misma la hace un poco suya. El dolor volcado por Oldfield en su disco es un poco el mío en otros aspectos de mi vida, y el dolor de cualquier persona que lo escucha y sin saber muy bien por qué se pone a llorar y se emociona. E igual que se hace tuyo el dolor, también se hace tuya la esperanza.

Esta mañana leí un post maravilloso de un blog en el que se analizaba la frase que Meryl Streep contó en su discurso de los globos de oro que le dijo la recientemente fallecida Carrie Fisher: “Coge tu corazón roto y conviértelo en arte” y no puedo estar más de acuerdo con eso. A Mike Oldfield se le rompió el corazón por completo, y parió su obra más grande en 42 años.

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