2016: Del paraíso al lodo

sacre-coeur

Se me hace difícil escribir un resumen del 2016.

Un año da para mucho, para que pasen muchas cosas, buenas y malas. Me resisto a clasificar el 2016 como un mal año porque no lo ha sido. ¿Por qué iba a serlo? La salud me ha acompañado, a mí y a los míos. En lo laboral, a pesar de la falta de reconocimiento, los momentos de estrés y algún que otro compañero que me amargó el día a día durante algunos meses, he podido re inventarme y tranquilizarme al ver que aún seguía siendo valioso en mi profesión.

¿Qué mas puedo pedir…? Ah sí, eso, el amor.

El pasado 2015 no fue el año del amor… y este año lo inicié con mucha energía, con mucho amor hacia mí y hacia los que me rodeaban. Me puse un par de cuadros, flanqueando una imagen de Buda en el cabecero de mi cama que decían «Give Love, Live Simply» (Da amor, vive simplemente).

Y llegó el amor. Y viví algunas de las noches más bonitas de mi vida. Viví algunos de los momentos más intensos, que ni en mis más remotos sueños habría soñado que viviría. Y todo fue un regalo que la vida me dio. Y le daré gracias a la vida por este regalo tan grande que me hizo. Fue corto, muy corto. Y maravilloso… vaya si lo fue.

Pero todo tiene su némesis. Y el desamor también llegó. Nadie se desenamoró de mi, porque nadie lo ha estado nunca. Pero yo me di cuenta de eso y si que me desenamoré. Me desenamoré de mi, y me desenamoré de la vida. Y ahí sigo… intentando que algún fuego arda en mi interior… que algo me haga vibrar. Y no hablo de encontrar a mi media naranja ni mucho menos.

Cuando rememoro un año siempre me viene una emoción. Algunos años los rememoro con mucha dulzura. Otros, los rememoro con otro tipo de emociones. Cuando el 2016 quede en el recuerdo, lo recordaré como un año en el que tras un momento fugaz de felicidad infinita estuve constantemente triste y apático.

Aún así… me quedo con la vez que más disfruté escuchando «The Sky Moves Sideways» de Porcupine Tree en mi vida. Y también de lo que disfruté escuchando a Yann Tiersen paseando por las calles de Montmartre. Y de lo bonito que fue acabar el verano bajo el sol de la Toscana.

Por favor 2017, solo te pido una cosa… fluir, fluir, fluir….

Feliz entrada de año ¡¡Feliz 2017!!

 

Acerca de ajriver

Soy el resultado de todas las decisiones que he tomado en mi vida... y aunque me haya equivocado muchas veces, no me arrepiento de ninguna de ellas
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