Lo mejor que puedes hacer, es coger cualquier cosa que te venga

Sucedió un Domingo de Ramos.

Yo me paré en un soportal de la calle Fray Diego de Cádiz, una de las que dan a la Plaza del Pumarejo. Estaba pasando la Hermandad de la Hiniesta y la Virgen venía a lo lejos. Justo antes el cortejo se paró y una niña rubia, lindísima, que iba en el grupo infantil vestida de monaguilla me miró. Metió la mano en un cestito que llevaba, sacó un caramelo de cola y me lo dio. Sus padres, que podrían ser más o menos de mi edad, felicitaron a la niña y yo le di las gracias.

La noche anterior había tenido sexo. La persona con la que tuve sexo ya no está en mi vida. No llegó a estar mucho en mi vida… ni siquiera creo que llegase a estar verdaderamente presente durante aquella época, pero yo estaba enamorado como un quinceañero (en cierto sentido, yo era entonces un quinceañero de 33 años). Independientemente de la historia que rodeaba aquello, había sido una de las noches de sexo más bonitas de mi vida. Se puede decir que fue de aquellas veces donde verdaderamente «haces el amor» aunque probablemente el único amor ahí era el que estaba yo malgastando en una persona que no me amaba, pero da igual, fue maravilloso de todas maneras. Con toda esa energía vibrante en mi cuerpo, recibí aquel caramelo, y escuché «Madre Hiniesta» mientras pasaba la Hiniesta Dolorosa en su paso de palio. Una combinación muy peculiar para los que no entienden la idiosincrasia de Sevilla y de Andalucía en general… y para los que la entienden igualmente. Fue demasiado cúmulo de cosas bonitas en unas pocas horas, así que me puse a llorar.

Lloré de alegría, de agradecimiento, de que por una vez en la vida me sentía realmente feliz. Estaba tan agradecido que guardé aquel caramelo en mi cajita de recuerdos preciados: una que compré en un chino cuando vivía en Bami.

Después de aquel momento ocurrieron muchas cosas, no todas malas, pero las malas se comieron a las buenas… y he llorado mucho, demasiado quizá, pero no de alegría. Eso no se ha vuelto a repetir.

Hace algunos meses, poco después de haber perdido a mi padre, y en medio de uno de los momentos más bajos de mi vida, decidí comerme el caramelo de cola que me dio aquella niña y que con tanto mimo conservaba guardado… a ver si al menos podía saborear algún resquicio que quedase de aquel gran momento de alegría que tuve, el último hasta la fecha…

El caramelo estaba rancio.

Lo mastiqué, se me pegó entre los dientes, y me lo tragué con mucho trabajo. Una experiencia desde luego poco placentera.

Y pensé «joder, tendría que haberme comido el caramelo justo en el momento en que me lo dio la niña»

Ya lo decía la canción de Porcupine Tree: «The best thing that you can do, is take whatever comes to you… cause Time Flies» (Lo mejor que puedes hacer es coger lo que te viene, porque el tiempo vuela)

Mucho ánimo en estos días de confinamiento… todo pasará.

Acerca de ajriver

Soy el resultado de todas las decisiones que he tomado en mi vida... y aunque me haya equivocado muchas veces, no me arrepiento de ninguna de ellas
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